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Exposición del Lic. Vázquez Montoto frente a la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Nación

02/10/2012 Reunión de la Comisión de Asuntos Constitucionales

Moderador. – Invitamos ahora a Sebastián Vázquez Montoto, presidente de la asociación civil “Adolescentes por la vida”, invitado por la senadora Corregido.

Sr. Vázquez Montoto. – Bueno, buenos días a todos y a todas. En primer lugar, le agradezco a la senadora Corregido por invitarme a participar en este espacio de reflexión y poder compartir algo de lo que tiene que ver con el ámbito de mi competencia. Recién escuchamos al doctor Vestfrid hablar desde la parte más neurocientífica médica; a mí, como psicólogo, me toca hablar un poco más de las emociones, y en condición de presidente de “Adolescentes por la Vida”, una asociación civil que viene trabajando en temáticas de la adolescencia con muchos adolescentes a lo largo de ocho años. Es una organización joven. Primeramente, lo que quería plantear es una visión de la adolescencia desde hoy, no desde los libros de psicología evolutiva que todos conocen, sino cómo desde la experiencia fuimos generando, desde la organización y en lo personal, una visión del adolescente argentino hoy. Y además me llamó mucho la atención poder pensar este proyecto de ampliación de los derechos políticos para los jóvenes.

Simplemente, compartiré algunas reflexiones acerca de la adolescencia, los derechos y la integración social. La adolescencia es una etapa que se ubica entre la niñez y la adultez, un momento vital fundamental en la conformación de la personalidad que devendrá en adulta. No como una cuestión meramente etaria, sino como una conquista que marca la salida de esta etapa. Lo fundamental radica en que el adolescente confrontará valores, ideales y estructuras de vida adquiridas de sus padres –o quienes hayan cumplido esa función– con la sociedad, representada por otros adolescentes y referentes adultos con otros valores, con otros ideales y con otras estructuras de vida, que a su vez estarán atravesando el mismo proceso. Por todo esto, encontramos en los adolescentes cierta reticencia a los límites, la autoridad y la reacción es la transgresión ante lo impuesto desde el mundo de los adultos.

Hoy en día, los primeros signos de la adolescencia comienzan a aparecer entre los 10 y los 11 años, impulsados por una multiplicidad de estímulos que provienen de los medios de comunicación, el furor de Internet y las redes sociales, entre otros, como puerta de ingreso temprano para los niños y niñas a esta etapa de cambios y replanteos emocionales y físicos.

Así como el comienzo de la adolescencia ha impactado los últimos años de la niñez, los signos de esta etapa se prologan más allá de los descriptos por los libros de psicología  evolutiva, encontrando adolescentes que bordean los 30 años. Esta dificultad para conquistar la adultez está relacionada con el retardo en alcanzar la autonomía social y, sobre todo, económica, que los sostiene en una posición de dependencia pasiva en casa de sus padres.

Por ello, en relación con el proyecto de ampliación de los derechos políticos de los jóvenes de entre 16 y 18 años, debemos tener en cuenta esta etapa como central en el proceso del adolescente, siendo deber por parte de los adultos acompañar a los adolescentes en este proceso, propiciando espacios de participación social activa donde puedan adquirir libremente la seguridad necesaria para sentirse responsables y autónomos, al menos en sus ideas y pensamientos, entre ellos, los relacionados con la política. Así estaremos recomponiendo la imagen “negativa” que tienen hoy los adolescentes por un mayor compromiso social. En este sentido, creo que es importante encontrar espacios para que nuestros adolescentes puedan mostrarse y presentar otra imagen, espacios de participación social, como lo fueron en algún momento los espacios de los partidos políticos, para desplegar su energía, su autenticidad y sus ideas.

El espíritu de este proyecto –que leí detenidamente– es sin duda la integración de los adolescentes a la escena protagónica de la historia y a la participación activa en los debates y en la toma de decisiones políticas; que tengan verdaderamente voz y voto. Y cuando se habla de “voz y voto” es también que sean escuchados, recuperando el valor de las palabras y de la escucha, tan devaluados en los últimos tiempos en nuestra sociedad.

Siguiendo el espíritu de este proyecto –o el que encuentro yo en este proyecto– y la integración y participación activa de los adolescentes de 16 y 17 años en la elección de sus representantes, creo oportuno diferenciar “voto” de “sufragio”. Cualquier adolescente está capacitado para sufragar. Votar es otra cosa, votar es tener conciencia de lo que esta facultad implica, el ejercicio de la democracia y el sentimiento de libertad, y de libertad para elegir.

Para ello deben generarse espacios de reflexión, concientización y capacitación sobre el voto y el votar desde las diversas instituciones en las que los jóvenes participan, sin consignas políticas, ya que eso deberá ser un proceso que deban descubrir libremente a partir de esta capacitación, concientización y reflexión. En este sentido, se debería evaluar también la utilización de los medios masivos de comunicación, especialmente a los que los adolescentes tienen mayor acceso en el ámbito de internet, las redes sociales, atrayéndolos desde una realidad virtual a un mundo cada vez más real que necesita de ellos.

Teniendo en cuenta todo lo descripto anteriormente y sosteniendo la idea de integración y participación como ejes espirituales de este proyecto que propone una modificación en el Código Electoral, entiendo que dadas estas condiciones todos los adolescentes de 16 y 17 años –no sólo algunos– deberían votar asumiendo esta responsabilidad que los transforma en parte activa de la historia y los incluye frente a tanta exclusión. Muchas gracias.

Sr. Presidente. – Muy amable.